13/9/07
Profundidad
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12/9/07
Annie
¿Conocen este chiste? Dos señoras de edad están en un hotel de alta montaña y dice una: Vaya, aquí la comida es realmente terrible. Y contesta la otra: Sí, y además las raciones son tan pequeñas... Pues, básicamente, así es como me parece la vida. Llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza... Y sin embargo se acaba demasiado deprisa.
Otro chiste importante para mí es uno que generalmente se le atribuye a Groucho Marx, pero creo que fue Freud quien lo dijo en relación con el subconsciente. Y dice así, en paráfrasis: Jamás pertenecería a un club que tuviese a alguien como yo de socio. Ése es el chiste clave de mi vida adulta en cuanto a mis relaciones con mujeres. ¿Saben? Últimamente pasan cosas muy raras por mi cabeza, porque yo ya soy cuarentón y supongo que estoy pasando por alguna crisis vital. No sé. No me preocupa la vejez, no, no soy de esos, aunque me estoy quedando calvo de la coronilla, y eso es lo peor que se puede decir de mí. Sin embargo, creo que con la edad mejoraré. Sí. Creo que seré un ejemplar del tipo viril, calvo, digamos lo contrario de un distiguido canoso. A menos que no sea ninguno de los dos y acabe siendo uno de esos babeantes que con la bolsa de la compra al brazo entra en la cafetería, predicando el socialismo.
Annie y yo rompimos, y aún no puedo hacerme a la idea, sigo examinando metalmente las piezas de nuestras relaciones y analizando mi vida para averiguar dónde surgió el fallo. ¿Comprenden? Y no... Hace un año estábamos enamorados, muy enamorados y... No crean que soy un tipo fúnebre, tristón, y tampoco un depresivo. Yo tuve una infancia razonablemente feliz, creo... Me crié en Brooklyn, en la Segunda Guerra Mundial.
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10/9/07
Helena
Fixen o percorrido de ida e volta a toda présa, a punto de caer varias veces. Cando cheguei de novo a onde se atopaba Carlos, optei por sentarme á beira del, sen falarlle. El seguía chorando igual que antes, sen que se lle notase, na mesma actitude inmóbil, sen mover os ollos que tiña cravados no ceo. A pesar de que antes me refugara cando lle puxen a man na cabeza, atrevinme a facelo de novo, pero esta vez non me rexeitou. Fíxenlle unhas caricias coa punta dos dedos, desde a fronte ata a meixela, sen que el tratase de apartarme. Cando levaba así uns minutos, colleu a miña man coa súa, volveuse cara a min, miroume aos ollos e fixo un movemento que me permitiu deitarme ao seu lado, dunha maneira suave, case sen darme conta. Estivemos así pegados un ao outro e calados, ata que el mesmo me pasou a man pola cara e pronunciou o meu nome: "Helena". Eu esperaba que seguise falando, pero calou de novo, mirándome como se non me vise, e observei que tiña os ollos encarnados. Por primeira vez desde que o coñecía, comprobei que eran dunha intensa cor azul escura e que non brillaban como antes nin se movían con aquela rapidez de gato coa que o facían cando xogábamos no wigwan.
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8/9/07
La octava maravilla
Mi abuelo me señaló el sol tan rojo a punto de desaparecer detrás del Árbol del Ahorcado. Mi abuelo dice que el suelo de Carabanchel es horroroso, pero que el cielo es de los más bonitos del mundo, tan bonito como las pirámides de Egipto o el rascacielos de King Kong. Es la octava maravilla del mundo mundial. Todo estaba tan quieto como en una película que echaron en la tele en la que un abuelo y un niño se quedaban los últimos en el cementerio después del entierro de uno que era negro. Pero esto era mucho mejor porque en la película de mi vida no habría ningún muerto de momento, me lo había prometido mi abuelo. No te lo vas a creer, pero creo que fue la tarde más feliz de mi existencia en el planeta Tierra.
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7/9/07
Cartas
Comencé a escribir cartas cuyo destinatario era aquel apetitoso desconocido. Hubiera podido averiguar datos suficientes sobre su persona, lo cual no constituía ninguna dificultad pues con cualquier excusa inventada podría robar información a la muchacha que estudiaba conmigo, pero quise mantener la discreción hasta el final, hasta que no quedara más remedio y tuviera que agenciarme una celestina. Supe que se llamaba Jorge y encabezaba las cartas con un Substancioso o Jugoso Jorge. Es la razón por la cual detesto despachar la correspondencia, el trauma provocado por lo que ocurriría más tarde debió sobrevivir en mí. Y claro, las cartas una empieza escribiéndolas sin ambición ni premura por enviarlas, más bien son el mejor método para hacer catarsis en soledad, pero luego caes en un sopor, en una amargura mezclada con frustración. Además el tipo no avanzaba, de las miradas de cordero degollado no pasaba, en alguna que otra ocasión esbozó una media sonrisa que me costó trabajo percibir por culpa del tupido mostacho. A una le invade el culillo porque el destinatario se entere, de inmediato, de nuestros sentimientos; buscamos una confidente con la ilusión de que ella será quien entregue los pliegos reescritos decenas de veces con letra apretada y trepidante.
Zoé Valdés
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6/9/07
Promesas extremas
Estábamos frente a frente, despegados del mundo, de sus anomalías. Éramos dos estatuas vibrantes, sin más horizonte que nuestro amor:
– Nunca dejaré de quererte –le prometí.
Jamás pronuncié un “nunca” más sincero que aquél; sin embargo, no podía ser más absurdo. Tenía la petulancia de los “siempre”, de los “eternamente”, de los “para toda la vida…”. Yo no podía adivinar que a aquella edad las promesas extremas son siempre palabreos sin destino, voces que al menor tropiezo se estrellan contra el silencio.
Mercedes Salisachs
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5/9/07
Asustada
–No tienes ni idea de lo que es esto. No puedes ni imaginarlo. Crees que tienes todas las soluciones, ahí, seguro en Desrein, sin nada que temer. Para ti es fácil decir haz, ven, no pasa nada. Haré lo que me parezca.
–¿Qué quieres decir con eso?
–¿Tú qué crees?
También ella estaba asustada. No era aquello lo que quería decir. Ven, Rodrigo, ámame, no me dejes, no permitas que piense, consuélame, dime lo que necesito oír, tú debes saberlo, tú me conoces, tú me quieres. Pero a cambio dijo:
–No sé ni lo que digo. Te llamaré luego, Rodrigo.
Él colgó sin contestar, y no supo si le había llegado su disculpa.
–Rodrigo…
Entonces el mundo se desintegró definitivamente, y sintió lo que era vivir sin aire. Respiró muy profundamente, creyendo que se ahogaba. Dejó el auricular en su sitio y recorrió el pasillo con un dedo siguiendo la pared. Dudó por un momento. Cogió la chaqueta y las llaves.
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3/9/07
Vixilia
E por fin amaneceu deixándolle dúas voluminosas bolsas nos ollos como dúbidas da noite en vela, aquela en que navegara entre o pasado e o presente con desigual acerto, nesa realidade sen coordenadas espazo-temporais que era a súa vida.David durmía feito un nobelo cando ela entrou preparar o almorzo. Nin sequera durmindo conseguía calar e as palabras sonámbulas e inconexas rompían aquela mañanciña sen luz de choiva omnipresente. Quen souber o que amaba en soños. Alba tivo por enésima vez a tentación de bicalo e por enésima vez reprimiuse. Non sabía por qué, pero non podía facelo. Non podía e, non obstante, non sabía se o fixera durante a vixilia. Entre a realidade e o soño Entre a contención e o desexo. Bailando entre ambas as dúas mentiras.
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2/9/07
Felicidad
Supongo que nuestra repentina felicidad prefiguraba a sus ojos una especie de cuento de hadas imposible. Los enamorados y los recién nacidos tienen la virtud de despertar en quien los contempla, sean mendigos, putas, asesinos o emplazados, una candidez tan infantil, una esperanza tan vana, Todos parecen decirse: «Si esto puede ocurrir es que todo es posible. Si todo es posible quizás haya alguna esperanza para mí».
Nuestro enamoramiento parecía haber arrastrado con su fuerza a todos los que nos rodeaban. Y porque estábamos enamorados, todo el mundo se había enamorado de nosotros.
Fernando me contemplaba desde su lecho con un cariño inaudito, como si mi felicidad repentina fuese obra de sus manos nudosas. Yo también me sentía extrañamente benévola. Parecía como si mi repentino estado me hubiese velado los ojos con una tibia gasa de cariño universal. De pronto me encontré queriendo al orbe entero con todas mis fuerzas. Me retenía para no abrazar al triste Fernando como si me fuese la vida en ello. Hubiese querido decirle en aquellas largas tarde de sobremesa, cuando ambos nos encontrábamos ante una taza de café con leche, hablando como cotorras sobre una y mil inconsciencias:
«No te preocupes, voy a salvarte. Te salvaré y serás feliz. ¿No ves que soy fuerte? Voy a salvaros a todos. A haceros felices. Porque voy a quereros a todos con todo el corazón. ¿No te das cuenta de que llevo entre las manos una bola de vidrio invisible que transforma toda tristeza en alegría?»
Blanca Riestra
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29/8/07
Si Peter Pan viniera
Uno de los finales más tristes de toda la literatura universal es el final de Peter Pan.
El tiempo ha pasado y Wendy es toda una mujer, tiene una hija, hermosa, tan hermosa como lo era ella la primera vez que pisó Nunca Jamás de la mano de Peter Pan. Wendy acaba de acostar a su niña, la habitación está a oscuras. De repente se abren las ventanas de par en par, contra el cielo estrellado se recorta la figura de Peter Pan. Wendy, vine a por ti. Es el tiempo de la limpieza de la primavera. Tienes que cuidar de mí y de los niños perdidos. Pero Wendy le confiesa que se ha olvidado de volar. No malgastes en mí el polvo de las alas de las hadas, le dice. Peter Pan, que aún es un niño, no entiende nada. Wendy le dice, encenderé la luz para que comprendas. Y por primera vez en su vida, que nosotros sepamos, Peter Pan tiene miedo y sólo acierta a decir: no enciendas la luz.
Esta noche encenderemos la luz con la certeza de que si Peter Pan viene a buscarnos podremos sostenerle la mirada sin darle un susto de muerte. Si Peter Pan viene a buscarles, no lo duden, miren su cara, y emprendan esa urgente huída. Y que no me entere yo que se marchan sin nosotros.
Ismael Serrano
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24/8/07
Querido Ben
Querido Ben:
Una vez soñé que te perdía. Estábamos en
unos icebergs y no me acuerdo si tú te alejabas flotando de mí o yo de ti. Pero
recuerdo que me desperté a tu lado, era media noche y estaba lloviendo, como
hoy. Te oí respirar y me calmé. Era como si nos habláramos sin palabras. Me
pregunto cómo y cuándo aprendimos ese lenguaje secreto. Sólo sé que en algún
momento, en los silencios, te oía. Y ahora sólo me quedan las palabras, estas
palabras inútiles cuando lo único que quiero es volver a estar a tu lado. Hacer
que te sientas seguro, ayudarte a dormir. Recuperarte.
Felicity
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23/8/07
Un miedo
Esa noche, es decir, hacía unas horas, el Poco la había acompañado a su casa, como siempre. Al cruzar la acera, cuando doblaron la plaza, el Poco la había agarrado de un hombro. Tenía la palma ardiente y seca, como de fiebre. Entonces ella le cogió la mano y le apretó suavemente los ásperos dedos contra su cuello. Anduvieron así un buen rato, quietos, sin hablarse, como disimulando su contacto. Pero cuando llegaron al portal el Poco se desasió bruscamente y se marchó sin añadir palabra. Bella intuyó entonces que la noche iba a ser larga, una noche de insomnio y muchos trenes. Cuando Bella dormía sola, en la habitación siempre había un rincón habitado por el miedo. A veces se quedaba ahí quieto, sin salir, sin atacarla, pero aún así ella sabía que existía, que permanecía agazapado. A veces el miedo aprovechaba los chirridos de la oscuridad, los crujidos del silencio, y entonces salía de su rincón y caía sobre ella como un rayo. Era su propio miedo, la conocía bien, y no había manera de defenderse de él. En esos casos Bella se limitaba a encogerse en la cama, a arrimar la espalda a la pared y esperar que amaneciera. Era un miedo muy pertinaz.
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9/8/07
Despertar
He determinado por corroborar que la acción más importante en mi vida es despertar. Despertar del letargo impuesto por la espesa realidad. Despertar cada mañana y beber un café comprobando que el mar sigue ahí, gozándolo a través de las ventanas de mi refugio hexagonal. Despertar y beber un café y mirar al mar, esa es mi máxima aspiración.
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27/7/07
Vivir así
Empezamos a vivir así, como si cada día fuese el primero, como si cada día redescubriésemos el placer de poder estar juntos. No quiero daros una imagen falsamente ñoña de aquella época. En verdad todo era hermoso, pero no con la hermosura de los campanarios. Vivíamos no como dos recién casados, término a mi parecer peyorativo, sino como una pareja de homosexuales que se palmean en la espalda, que se besan y discuten, que se miran de igual a igual.
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25/7/07
Cínica
Deixar de ser unha cínica custa un traballo inmenso. Pero agora entende as razóns polas cales o era. A imposibilidade de crer en ningúen. Aínda segue tendo redutos moi amplos de desconfianza dos que seguramente non se chegará a recuperar nunca. Sinceramente e por moito que lle diga a psicóloga, non cre que poida relacionarse nunca cun home como ve facer a tantas mulleres. Non é capaz de recuperarse dese dobre xogo. Non confía. Calquera deles podería mercar mulleres pola noite. Non, aí non chega. Non cre que poida chegar.
Pero os avances, malia todo, foron enormes. Brutais. E séntese ben orgullosa. Comezou timidamente. Comezou aprendendo a calcetar. Aprendendo a confiar, que as dúas comezan por c. Chegado un punto comprendeu que o seu cinismo non podía convivir coa ilusión dos xoves pola tarde. Así que deu o paso e achegouse á asociación de mulleres. Non estaba moi convencida e ao primeiro non comentou con ninguén. A dicir verdade ao primeiro non sabía moi ben como falar. Como se fala da ira? Como se fala do odio e da rabia que unha sente? Así que se dedicaba a aplicar a súa estratexia de sempre, a de afastarse comodamente. Podía falar da súa vida desde fóra. Pero á psicóloga aquilo non lle chegaba. E pouco a pouco a ela tampouco. Ata que un día sen saber moi ben como abriu as portas. Chorou como non facía desde nena. Chorou e berrou e proclamou que odiaba á súa mai, que non cría en nada, que odiaba aos homes, a todos e cada un só por nacer, que odiaba o seu corpo... rompeu. Para volver a compoñerse. Ese fora o comezo dun novo camiño.
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23/7/07
Música sin nombre
El ventanillo se abría al cielo oscuro de la noche. La lámpara encendida hacía más alto y más inmóvil a Román, sólo respirando en su música. Y a mí llegaban oleadas, primero, ingenuos recuerdos, sueños, luchas, mi propio presente vacilante, y luego, agudas alegrías, tristezas, desesperación, una crispación impotente de la vida y un anegarse en la nada. Mi propia muerte, el sentimiento de mi desesperación total hecha belleza, angustiosa armonía sin luz.
Carmen Laforet
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22/7/07
Mujeres
Muchos hombres, por la educación que han recibido, siguen esperando ser el eje de la vida de una mujer o, al menos, parten de la idea de que la mujer se adaptará a sus necesidades y exigencias. Quizás este tipo de relación pueda resultar más adecuada a una mujer joven, con una personalidad poco definida y con menos experiencia, aunque cada día hay más mujeres jóvenes decididas y que saben bien lo que quieren.
Las mujeres hoy tienen una vida bastante completa. No necesitan ni buscan los beneficios materiales que les pueda aportar un hombre, ni una excusa para llenar sus vidas. Tampoco necesitan la compañía de un hombre para sobrevivir, ni para sentirse bien consigo mismas, ni alguien que defina sus vidas y dé sentido a su existencia, al haberlo logrado en buena parte. En consecuencia, no consideran el matrimonio como algo imprescindible para ser adultas, de manera que por primera vez hay un sector numeroso de mujeres que puede elegir no casarse. No precisan estar casadas para estar satisfechas, porque no estar casadas no es para ellas el fin del mundo. Están comprometidas consigo mismas y a gusto dentro de su piel.
Entonces, ¿qué buscan estas mujeres?
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21/7/07
Belleza
Porque se diga lo que se diga, los libros dan respuestas. Aunque no sean soluciones, aunque no sean definitivas. Respuestas instantáneas, luces que relampaguean en la oscuridad. Una hermosa frase, un pasaje de una novela, un verso: allí está, de pronto, la verdad. Y todo el sin sentido, y todo el desorden, se convierten, repentinamente, en belleza.
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12/7/07
Olvido
Existen infinitos modos de matar a una persona. Muchos de ellos son fáciles. Existe el olvido, llega la muerte. Se olvida todos los días, y los muertos son discretos. No regresan de la muerte. Ni del olvido. Olvidaron a Elsa tantas veces, tanta gente. A tantas Elsas. Simplemente, pasó su tiempo, continuó la vida y su lugar fue ocupado por otras cosas, por otras personas.
Hubiera sido inútil buscar culpables.
Espido Freire
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7/7/07
Volver
Pensó en la tarde dorada de mayo en que acabó su primera novela y se sintió solo, desamparado y triste, porque tuvo la sensación de que lo que contaba había dejado de ser suyo. Luego apareció Sandra Lübeck y publicaron la novela, todo gracias a ella, fue Sandra quien puso la cara por él, “y dónde andarás ahora, Sandrita”, y supo que estaba donde estaban los otros: en un lugar remoto que se llama pasado. Los recordó uno por uno, y lo que es peor, los recordó como eran hacía veinte años para descubrir sobresaltado que ya no podrían ser. Por primera vez se enfrentó con la certeza de la imposibilidad del regreso, con las consecuencias del paso del tiempo que había transcurrido sin piedad. Los días se deslizaban sin ruido, venían los meses y los lustros, pero en ningún momento pensó que iba perdiendo definitivamente todo lo que dejaba atrás, los años de estudiante, los primeros libros, las amistades que nunca creyó que pudieran no ser eternas, los lugares por los que había pasado de puntillas y renunciado a hacer suyos mientras buscaba a tientas por todo el mundo su propia geografía. Tuvo que admitir que estaba perdido en el camino de ida, y ya era demasiado tarde para volver con la frente marchita, porque de una cosa estaba seguro: ya no había ningún sitio al que volver. Y en los días sucesivos se dio cuenta de algo terrible: tampoco había ningún sitio en el que quedarse.

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4/7/07
Dos mujeres
Había dos mujeres en Teresa: la que recibía a Regina y Albert y conversaba con ellos en la sala de estar que daba al patio, la única habitación dotada de luz natural, y la que compartía el verano con Regina. Las dos tenían en común un fondo de tristeza. La primera parecía caminar sobre arenas movedizas y pasaba de la locuacidad a un malhumorado silencio, de la risa a la melancolía; pero a Regina le daba la impresión de que estaba realmente allí, avanzando con ellos hacia el inevitable final de la tarde. La otra Teresa, en cambio, la que se quedaba a solas con Regina, no experimentaba altibajos y cuidaba de ella con serena atención, pero se comportaba como si estuviera ausente. Algunas monjas de su colegio actuaban así, ejecutaban tareas sin desmayo mientras pensaban en otra cosa, en Dios, decían, nosotras pensamos en Dios a todas horas. Regina no sabía explicarse qué clase de Dios podía absorber la mente de Teresa, que no era creyente y a menudo discutía sobre religión con su padre. Para ella no había otro paraíso ni otro infierno que los que encontramos en este mundo.
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27/6/07
No te vi
Por eso, el primer día no te vi. Eras un hombre más a la vera del camino. Un paseante que se detiene un momento y nos mira pasar; pero tal vez no nos ve. No ve lo que ven sus ojos. Está viendo dentro de sí. Nuestras miradas se cruzaron, pero yo no te vi. No sentí tu presencia. No te tendí la mano para que me ayudases a seguir. Yo tenía un camino que andar, y saboreaba el paisaje y su novedad. Lo importante para mí eran mi “yo” y mi horizonte. Mis labios no entonaban una canción para distraer el cansancio ni buscaba compañía para el camino. Las personas me tenían sin cuidado; las gentes no habían sabido darme nada. Quizá porque para recibir hay que entregarse primero, y yo nunca me había entregado. Yo me poseía a mí misma.
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26/6/07
Ser coherente
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24/6/07
La segunda vez que lo vio
La segunda vez que lo vio fue a través de un cristal, un mes después del encuentro imprevisto y cuando pasó por casualidad delante de la casa donde él vivía. Estaba sentado tras la ventana de su despacho con un libro en las manos y los ojos puestos en la lluvia de la tarde, iluminado por una luz del color del ámbar que parecía surgir de muy lejos. Detrás de la figura triste del profesor, difuminada por los cristales empañados y el trayecto de las gotas de lluvia en la ventana, Luisa percibió el aroma cálido de la madera del escritorio, el polvo tenue que se acumulaba sin decoro en el barniz de la biblioteca, la temperatura inhóspita de la chimenea eternamente apagada porque no había nadie que se ocupara de encenderla. Vio a Cósimo Herrera con la edad que tenía, intuyó sus limitaciones y adivinó sus defectos. Lo reconoció y lo aceptó tal como supo que era, en su tristeza innata y su humor sombrío, en sus manías y en la interminable legión de caprichos que debía haber acumulado después de vivir tanto tiempo consigo mismo. Lo imaginó enfrentando solo las tardes sin sol y las noches larguísimas del invierno que se avecinaba, buscando en los manuscritos polvorientos el sentido último de su existencia y hallando retazos mezquinos de vida en las páginas muertas de los volúmenes de la biblioteca. Aquella tarde, mientras caía la lluvia y el viento de septiembre se llevaba por delante las hojas de todos los árboles, se dio cuenta de que estaba perdida, irremediablemente enamorada de aquel hombre ajeno que miraba la lluvia y se agarraba a un libro como si fuera su único asidero a la vida.
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21/6/07
Noches
Lo cierto es que las noches me resultan acogedoras. Siento los astros del firmamento como si fuesen los poros de tu piel y sus cometas, como las gotas de sudor que veía caer por tu espalda. Me quedo extasiada mirando su eternidad, desconcertada en rincones que no existen, indagando nuevos senderos que me conduzcan a ti, a la amplitud de tus ojos. Las noches me recuerdan a ti, por eso me gustan. Por eso me abrazan y me transmiten tu calor, y el perfume con que envolvías nuestro letargo.
Eres mi cordura en este mundo loco, me decías.
Y yo sonreía.
Sabías que con ese gesto te confesaba mil secretos, te contaba historias con finales felices, te regalaba el mundo y ponía a tus pies tesoros incalculables.
No dejes de sonreír, por favor, y enmudecías con mis besos.
Las noches me saben a ti. Su oscuridad es el pozo donde guardamos infinitos "te quiero" y el vacío que otros hallan en ellas es mi aliento. Dibujo, una vez más, tus dedos acariciando mi vientre, encaprichándose con mi ombligo y convirtiéndolo en el centro de tu universo. Llévame a las estrellas, fue mi súplica. Después adulé tu pelo, acerqué tu rostro para verlo más lejos, más allá de donde estábamos y de donde podíamos llegar, del infinito. Entonces no supe qué decir, porque estaba todo dicho mucho tiempo atrás. Al fin, yacías dentro de mí. Éramos inmensidad. Busqué tu mirada para encontrar en ella un asidero que me agarrase a algún lapso, pero en lugar de eso, los dos nos perdimos, juntos, como uno sólo. Y ya no quise dar con lo concluso, no me hacía falta. Me gustan las noches porque no son tangibles. Como tu y yo lo fuimos. Me recreo en esa sensación, la revivo y todo mi cuerpo experimenta la misma agitación, callada a los oídos de los demás porque sólo tú eres capaz de escucharla.
De niña me inquietaban las noches. No las comprendía. Parecía absurdo que a una hora determinada fuese necesario cerrar los ojos y perder la consciencia sobre un colchón. La luna allá a lo lejos, los cuentos antes de acostarse, las luces apagadas del comedor y la cocina, las persianas bajadas, el silencio... creaban una esfera de misterio casi irónica.
- ¿Tienes miedo a la oscuridad?
- No, contestaba siempre.
Quizás fui demasiado ingenua al pensar que nada nos separaría. Habíamos pasado por tantas cosas que resultaba absurdo creer en una despedida. Puede que por eso no la hayamos tenido. No lo sé. Ahora es de noche, pero no es una noche cualquiera. Es abrumadora. En el cielo pueden distinguirse nítidamente todas las estrellas y cualquier loco se atrevería a contarlas creyéndose el iniciador de una gran proeza. 1,2,3... 4, 5, 6... 7... Corre una brisa fina, que choca en mi cara y en mis manos y, por más que lo intento, no consigo retenerla. A ti tampoco te retuve. Aún escucho tu respiración. Donde quiera que vaya hallo tus huellas. Enloquezco por momentos viendo tu semblante en las esquinas. Y te aseguro que antes no era así. No, antes no. Desde que no estás rebusco en los cajones los viejos recuerdos. ¿Sabes por qué hablan de amor? Porque no lo conocen. Yo no hablo de amor. Hablo de algo tan extraordinario que escapa a la razón.
Cada noche que pasa es una nueva quimera personal. Todas están inundadas de un sabor agridulce: son el ansiado final de un día, de horas de angustia por tu ausencia. Pero también son el anticipo de una nueva jornada que me alejará más de ti y del pasado. Me alivian y a la vez desgarran mi magullado corazón. Es curioso. Son un fatum incesante, una tragedia griega que no ve bajar el telón. Y yo me he condenado a quererte hasta una saciedad que jamás consigo alcanzar.Quisiera gritar al mundo que nada me importa, pero no puedo. Me importas tú. Y no deja de ser deprimente no lograr olvidar las sombras en color. Los anocheceres que vivimos juntos son dagas clavadas en mis entrañas. El sol luchando por no tocar la linea que marca el horizonte, la luna impaciente por ser la única protagonista, la sensación de levedad que me provocan... Tú y yo... Noches...
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