26/5/07

Perfección

Pero aunque uno lo haga mal, no desiste porque cuando se imagina lo que se puede llegar a hacer… No, yo no me hago ilusiones, pero no estoy dispuesta a prescindir, a dejar de responder a la llamada… ¿Qué no estoy dispuesta? Que no puedo, sencillamente. No puedo dejar de responder a todo, a toda cosa en la que se pueda meter las manos. Y no es deseo de mangonear, no, es que esa emoción, ere arrebato que me produce la perfección –la vista o la imaginada– lo sufro por las cosas más increíbles… ¡Por cosas tan diferentes! Y la emoción es la misma. De eso es de lo que estoy segura, ¡es la misma!... Es como si eso, la perfección, pudiera, quisiera estar en todo, como si fuera la cúspide de todo…

Rosa Chacel

20/5/07

Rabia

La rabia, como una bola gorda e irresistible que se le hubiera encallado en la garganta, se adueñó de ella. Le pegó un puntapié a la alfombra pequeña que había al lado de la cama, que fue a parar, encogida, polvorienta, carmesí, al otro lado de la pared. La miró con la cara crispada, con ira. Hubiera pateado todos los muebles de la habitación. La zapatilla de paño, grande, deformada, se le había salido del pie y tuvo que ir a recogerla.

Se sentó en el borde de la cama con el pecho palpitante. Algo hervía dentro, algo que quería enfriar porque le resultaba incómodo, molesto. Se sentó con los brazos cruzados, apretados, hasta que le dolieron. Sin saber qué hacer. Con la vaga impresión de que alguien le había encerrado y de que tenía que buscar un resquicio, una abertura cualquiera para escapar.

Concha Alós

18/4/07

La confesión

“Si, ahora ya tienes que dejarme contártelo, oí que decía mi padre, como se lo tuve que contar a Teresa. No fue como ahora, pero tampoco tan distinto, dije una frase y con ella la puse al tanto y ya tuve que contar el resto, contar más para paliar una sola frase, es absurdo, descuida, no entraré mucho más en detalle. Ahora la he dicho y te he puesto al tanto, la he dicho en frío, entonces fue en caliente, ya sabes, uno dice cosas encendidas y se va calentando, uno quiere tanto y se siente tan querido que ya no sabe qué más hacer, a veces. En algunas circunstancias, en algunas noches uno se convierte en un exaltado, en un salvaje, le dice barbaridades a la persona que ama. Luego se olvidan, son como un juego, pero claro, un hecho no puede olvidarse. Estábamos en Toulouse, hicimos nuestro viaje de bodas a París, luego al sur de Francia. Estábamos en un hotel la penúltima noche del viaje, en la cama, y yo le dije muchas cosas a Teresa, uno dice de todo en esas ocasiones porque no se siente amenazando por nada, y cuando ya no sabía qué más decirle y sin embargo necesitaba decirle más, le dije lo que tantos amantes han dicho sin consecuencias: Te quiero tanto que mataría por ti, le dije. Ella se rió, contestó: Ya será menos. Pero en aquellos momentos yo no podía reírme, era uno de esos momentos en que se quiere con toda la seriedad del mundo, no hay broma que valga. Y entonces no pensé más y le dije la frase: Ya lo he hecho, le dije.”

Javier Marías

12/11/06

Principio de Incertidumbre

" En 1927 un matemático formuló el Principio de Incertidumbre. Venía a decir algo así como que nada se puede predecir con exactitud, siempre queda un margen de incertidumbre en el conocimiento humano. Y en ese margen de incertidumbre yo siempre pensé que estaba la música, las canciones. El principio esta relacionado con el hecho de que el observador, por el mero hecho de ser testigo, influye en la realidad que está observando, la altera, introduce una variable de indeterminación. Y esta noche, si a ustedes les parece bien, me gustaría hacer un experimento. Me gustaría demostrar que cada canción es diferente simplemente porque tú estás a mi lado, cada concierto es diferente porque tú lo escuchas, porque tú cantas conmigo. Así que, manos a la obra, nada está escrito, la historia no ha terminado. Quizá los siguientes días sigan siendo terribles y grises, puede ser... pero puede que no, puede que todo cambie. Que los días que tienen que venir abran ventanas a la esperanza. Este puede ser un buen comienzo. Este puede ser un buen principio: Principio de Incertidumbre."


Ismael Serrano

[estracto de Principio de Incertidumbre]

30/9/06

Saber su nombre

Necesitaba saber su nombre. ¿Por qué?, ¡vamos!, ¿por qué?... No lo comprendo, pero el caso es que iba metiéndome en el agua… Y es cosa que siempre me ha reventado ver en el cine, los tipos que se meten con botas y pantalones, como sin darse cuenta. Lo encuentro falso, falso: es una simulación del arrebato, es algo así como decir «estaba ciego de»… Yo me daba perfectamente cuenta de que me metía en el agua: para eso me había quitado los zapatos y seguía metiéndome aunque ya no podía levantar más las faldas. Me daba un poco de vergüenza… no, de lo que me daba un poco era de miedo; de eso es de lo que me daba vergüenza, pero quería saber su nombre. Ahora ya no me da miedo y sigue dándome vergüenza. Bueno, yo creo que también sigue dándome miedo. ¿No es idiota seguir pensando en ello? No se me borra de la cabeza, es como un rasguño o un cardenal, una lesión, como cuando dice uno, «debo haberme dado un golpe aquí, porque me duele»… Pero no fue un golpe inadvertido, fue todo lo contrario, un propósito del que ya no podía apearme, necesitaba saber su nombre.

Rosa Chacel